Mañana cuando me vaya

con rumbo a la eternidad,

llevaré siempre templadas

las cuerdas del instrumento

y he de encomendarle al viento

que les derrame mi canto,

no ha de ser el campo santo…

¡Razón pa´olvidar mi acento!

Artículo Destacado

COLONIZACIÓN DE AYSEN

COLONIZACION DE AYSEN www.memoriachilena.gob.cl   La lenta ocupación de la Patagonia Occidental  EXPLORADORES Y COLONOS EN AYSÉN (1870-1927)...

DÍA DE LA MADRE

HOMENAJE A LAS PARTERAS DE LA COLONIZACIÓN DE AYSÉN


"Para ella no hay huellas fieras
por nieve,escarcha o pantanos,
no es mucho el sol del verano
ni creciente en primaveras;
Ella monta con pelera
o un cojinillo apretado
en su silla o en recado,
según sea la emergencia
porque no niega asistencia
a un parto solicitado

Ella jamás ha jurado
al servicio de la vida
pero es tan comprometida
como el más juramentado
y cuando le han preguntado
el valor de sus servicios
contesta, sana, sin vicios:
"lo que sea su voluntad"
pero el gaucho en su humildad
¡Paga bien sus sacrificios!

De mujeres que ha salvado
no sabe, ni yo se cuantas
y las criaturas ¡son tantas!
por los muchos duplicados,
la han visto cruzar a nado
sobre el lomo de un caballo
allá por el Río Mayo,
por el Simpson a Baguales
por el Río Mañihuales
y otras más... que no detallo.

Don Aniceto Cevallos
contaba de una ocasión
que la vio en un apurón
una fría noche de Mayo.
Decía: "si ahora fallo,
será esta la vez primera,
muchacha catorceañera
con tres guaguas en la panza
y para peor esperanza,
es estrecha de cadera."

Fue fea aquella carrera
aunque sacó las tres crías
y Cevallos ese día,
fue asistente de partera,
aunque nunca lo creyera
debió de prestarle ayuda
porque siendo peliaguda
la solución de aquel caso,
no hubo mas, que dar el paso
y abstenerse de la duda...

Todo era por precaver
y no fallar a su honor
y ocurriera que un horror
su ausencia pueda traer
y esgrime de su saber:
"parir... parece rutina,
pero es una obra divina
que Dios puso en nuestras manos
darle vida a un ser humano,
puede ser que otra termina..."

Extracto libro Hijo de Juana y José, Capítulo XX



BELISARIO JARA



UN CANTO A DON BELISARIO.
Trovero Sur  1995


A Don BELISARIO JARA
el obelisco olvidado,
de mi jardín he portado
un clavel a su solapa
y mi verso, que de llapa
va en un racimo bordado.

 La laguna de la senda,
hoy llamada “Lago frío”
te proclamó ¡bien venido!,
pues no andabas por prebendas;
y ante ese espejo de ofrenda
fuiste peinando tus canas,
con audacia soberana
venciendo al tiempo inclemente,
para ser camino y puente
de esa colonia temprana.

 Mis infantiles jornadas
Desde ”mil nueve cincuenta”,
fueron un rosario de cuentas
con tus proezas comentadas;
y esa… esa “tapera” callada
de tu población primera,
me detuvo horas enteras
sumergido en el pasado
y en el patio desolado,
hallé tu historia pionera.

 Desde Antuco, Sur de Chile,
por los “Andes” a “La Pampa”
cruzará erguida tu estampa
aún en tiempos febriles;
Mapuche Pampa y de Chile,
como también  el pehuenche,
lanzan su alarido al Puelche
queriendo ahogar sus dolores;
y tú… tú oíste esos clamores
y luego el de los Tehuelches.

  Tu estrella, horizonte y lumbre,
te llevó en colonia al Sur,
jugándote en un albur
a la “16  de Octubre”;
Tu espíritu de costumbre
te sindicó “explorador”,
no te infundieron temor
los galenzos ni tolderos;                 *1
más bien fuiste su aparcero,
expuesto al crudo rigor.

 Patagonia, ocho noventa,        *2
morrenas e inmensidades,
no hay huellas ni autoridades,
solo el puño, la herramienta;
Peones leales, que a tu cuenta
nieves y vientos surcaron,
hombres que al deber se anclaron
como el poste con la grampa,
y cual toro con las guampas
los muros los derribaron.

 Dura lucha fue instalarse
dura lucha producir,
dura lucha proseguir
y dura lucha quedarse;
Luego en lucha desangrarse
para llegar a un mercado,
tributando algún ganado
pa’l festín de los caranchos,
que el desierto crudo y ancho,
parecía ser su aliado.

 Vendida lana y ganado,
traer víveres al rancho,
otra vez junto al carancho
que era un socio despiadado;
Los carroñeros alados
supieron de tus porrazos
y del pulso de tus brazos,
que siempre te levantaron
con quienes te acompañaron,
haciendo cintura al lazo.

 Héctor, Manuel y otros tantos,
por ahí rindieron sus vidas
provocando esas heridas,
tu desconsuelo y quebrantos.
Más tarde surgió el espanto
con los gringos  bandoleros,
terror de los estancieros
por lo bárbaro en sus hechos,
y ahí también se puso el pecho,
o se moría primero.

 Tu fuste imperecedero
no admitía el claudicar,
del rigor fuiste a la par
como la lonja al talero.
Exploraste los senderos
con tus paisanos cerriles,
pensando siempre en tu Chile  
con audacia y valentía,
soñando soberanía
“cual leal soldados civiles”.

 Sin deslindes perceptibles
se disputan las hectáreas,
por lo que exploras otra área
sin rendirte a lo imposible;
cualquier arroyo, es posible
muestre un amplio cañadón  
donde alzar casa y galpón,
quizás sea nuestro país
y nos reporte el matiz,
que bulle en el corazón.

 Pampa cual marchita flor,
desértica inmensidad,
se rumbea sin claridad
aunque hay sol abrasador;
luego se asoma el verdor
de la sierpe vegetal,
porque el Pacífico mar
envía su húmedo aliento
y presumes ¡muy contento!
el Chile de tu soñar.

 Era el “Alto Río Mayo”
cerca de sector “El Triana”,
ahí llegó tu caravana,
20 carros rueda de rallo,
Vacas, ovejas, caballos,
hacienda, peones, aperos;
Don Belisario en su esmero,
una vez más ¡con honor!
era el primer poblador
cerca, a su Chile lindero.

 Desde el palenque al potrero
los toldos, luego el fogón,
los corrales, el galpón,
las casas y el gallinero;
Hombre con temple de acero
puso vida en el lugar
y el viento empezó a silbar,
en las torres de un molino
que de eterno peregrino,
se anclaba allí… pa’ girar.

 Pero había más que esperar
de usted pues Don Belisario,
porque allí su sueño a diario
fue entrar a Chile a explorar.
Con José Tapia a la par
en mil novecientos siete,
por Lago Cástor se meten
pero el monte los rechaza
y se devuelven a casa,
aunque los campos… prometen.

 Por eso quedó en su mente
y en la retina metí’o,
los cañadones “Del Frío”
con su lago y sus torrentes;
Pa’ concluir más noblemente,
preparó con sus paisanos
la expedición de verano
que Juan Foitzzik secundara,
por Cástor, Pólux bajaran
al “Peludo” y sus pantanos.

De este hecho se derivara
la osadía de Don Juan,
mas uste’ y peones harán
la ruta por donde entrara;
Nombre que aquí se adeudara,
¡pues no lo lleva el camino!
suele ser el cruel destino
del que hace y no vocifera
y el tiempo con su carrera,
¡va ocultando pergaminos!.

 Por suerte que en mí destino
se cruzó aquella tapera,                 *3
la Estancia que el lecho fuera
y el final de su camino.
Mi guitarra esboza un trino
y mi palabra un clamor,
por el hombre explorador,
“pionero” ¡casi olvidado!
A ese ¡obelisco no alzado!
Pongo en su cumbre ¡esta flor!.

              ----- * -----


*1 Galenzos:  Galeses.
*2 Ocho noventa: mil ochocientos noventa.
*3 Tapera: Puebla, casas e instalaciones en ruina, abandonadas.

Este poema fue dedicado a Sr. Belisario Jara, pionero colonizador de Aysén, quién ingresó desde la pampa Argentina por el paso Castor en la década de 1900.



Otras Publicaciones acerca de Belisario Jara Ulloa:

 AQUIAYSÉN por Oscar Aleuy Rojas

DÍA DE LA MUJER

HOMENAJE DE TROVERO SUR A LAS MUJERES AYSENINAS



DEL SUEÑO A LA REALIDAD

Al observar en las ramas
vida, ternura y primores,
mis ojos beben colores
que sus bellezas derraman,
lo mismo encuentro en las damas
cual pétalos de una flor,
calidez y resplandor
como el astro de la mañana,
que lo que besa... engalana
con su divino candor.

Dicen que Dios puso en ella
magia, tersura e ilusión
y especial dedicación
en darle alma de doncella,
prosiguiendo obra tan bella
logro emular a las rosas,
con mejillas ruborosas
que se encienden cuando besan
y a su gran delicadeza,
sumó el mirar de las diosas.

Años mozos que uno añora,
tiempos en que yo soñaba
con una flor en la almohada
pa’ deshojarla en la aurora.
Más... la realidad traidora
de tan poco que me daba,
¡ni con almohadón contaba!
donde posar una flor
y aunque exudara el amor,
hasta el perro me arisqueaba.

Muchas noches, madrugadas,
como toro en el otoño,
de tanto agachar el moño
trajo  el sol de una alborada
aquello que yo buscaba
entre los calafatales,
la flor que curó mis males,
como alondra en mi ventana,
pa’ saludar la mañana
cuando el rayo de oro sale.

Y entramos a desgranar
la mazorca de la vida
siendo mi prenda querida,
alivio a todo pesar
Sin casa, me dio un hogar
no solo me dio sus besos,
de mi amor fue el embeleso,
ante mis dudas, palenque
y supo alzar el rebenque
cada vez que hubo un tropiezo.

De tanto luchar atento
atropellé los caminos
siguiendo gorjeos y trinos
que me transportaba el viento,
Crucé la pampa contento,
aunque jugado al albur,
le recé a la Cruz del Sur
y ante el ojo del lucero,
bajo de un toldo de cuero,
nuestro hijo nació a la luz.

A caldo ‘e Piche y Ñandú,
leche de Vaca y de Chiva,
la vida del niño, arriba,
cual el niñito Jesús,
Proseguimos rumbo al Sur
más bien cargado al Oriente,
donde dicen que no hay gente
y aquello nos parecía,
¡ser la tierra prometi’a
como pa’ hacernos presente!.

Cuando hallamos los torrentes
que huían ante nosotros,
fijé el Toldo cuero ‘e potro
y en nombre del Chile ausente,
creció paulatinamente
la esperanza ante la queja,
al cuidado de mi vieja
mientras yo la temporeaba,
en estancias que explotaban
el coironal con ovejas.


De allí mi fiel compañera
al cabo de algunos años,
me entregó un criollo tamaño
y dos muchachas solteras,
las tres sin peros ni peras
tejiendo en un solo manto;
mi hijo y yo mientras tanto
venciendo otros sacrificios,
para hacer llegar los vicios
al hogar de nuestro encanto.

Hoy invoco que algún Santo
me encomiende a mi señor,
¡Quiero Padre Creador,
hacer plegaria mi canto!
porque ha sido tanto y tanto
lo que entregó la mujer,
Región de Aisén, de hoy y ayer,
a sus hijos y marido,
pues  donde haya habido un nido,
¡ella lo ha ayudado a hacer!

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